Una vez cambiados de hotel a primera hora de la mañana y conseguido un equilibrio mental, comenzaron los planes para el día. Era hora de playa y para empezar nos dirigimos a la céntrica de Patong. Estuvimos 2 horas, pero no quedamos especialmente encantados ya que cada 2 minutos un local te ofrece algo para comprar y te acosa. También nos adentramos en las aguas del mar con especial asombro, recordando el horror del tsunami de 2004 allí mismo. Nos llamó la atención de inmediato que, incluso a 100 metros de profundidad, el agua nos llegaba por debajo de las rodillas, lo que nos trajo aún más sentimientos encontrados y recuerdos. Sin embargo, créanme, esas dudas se acabaron tras el primer cóctel, del que de nuevo desconocíamos los ingredientes. No nos hacía falta, lo importante es que el ánimo había vuelto con fuerza. Comimos en la playa y continuamos con un viaje en la variante local del Tuk-Tuk, que ya no era un triciclo sino una mini furgoneta con 10 plazas en su interior. Hicimos un recorrido por Phuket y las playas locales, que resultaron ser muchas y fascinantes cada una por su lado. También llegamos al Gran Buda y el día prometía sensaciones positivas. Por la tarde nos dimos una serie de masajes que, incluso en el momento de escribir estas líneas, me tienen felizmente relajado frente al teclado. Era hora de otra serie de hazañas en Bangla Road, pero también de planear el primer viaje en lancha rápida a una isla de nuestra elección. Enseguida les doy un consejo inestimable. Reserve sus excursiones de un día al final de la víspera, cuando las agencias de viajes hacen descuentos de hasta el 50% para llenar su capacidad. Así que elegimos un paquete con visita a las islas de Phi Phi, Maya Bay y Cay. Tras otra noche tormentosa en el corazón de Patong, cuyo desenlace nos ahorraremos, nos encontramos en nuestra habitación y apenas 2 horas después teníamos que levantarnos para nuestra primera excursión entre islas. No podemos pasar por alto el hecho de que el tema de un terremoto seguido de un tsunami ha vuelto a aparecer en nuestras cabezas. Nos adentrábamos en un mar abierto y desconocido. Para reforzar nuestro miedo, uno de los canales de televisión, que en ese preciso momento de nuestra expectación, recordó otro tsunami en Japón que inundó un edificio alto, en cuya antena un testigo lo filmó y le dio vida. Sí, en efecto, es muy gracioso y compartimos totalmente su emoción en el momento de la lectura.