2. Así que ya es hora de que empiece mi historia.



Mi primer encuentro indirecto con Tailandia fue allá por 2001, cuando un amigo mío comenzó sus relatos sobre sus visitas anuales al país de las sonrisas. Por supuesto, con la idea de motivarme a acompañarle en una de sus próximas aventuras, ya que normalmente iba solo. Y este es el momento de decirte que, te lo cuente quien te lo cuente, si no visitas este mágico país al menos una vez, no entenderás nada de su encanto único. Sí, despertó mi interés, pero no logró convencerme de que viajar a 8.000 millas de mi patria mereciera tanto la pena como él hacía ver.


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