Nos levantamos temprano y no tuvimos mucho tiempo porque por la tarde teníamos un vuelo de una hora con Air Asia a Phuket. De todas formas, aprovechamos para dar una última vuelta con los taxis Tuk-tuk, que ya se habían convertido en nuestro medio de transporte favorito. Nos topamos con un conductor que nos soltó la oferta del año. "Sólo 80 baht, pero debería entrar y echar un vistazo en unas 3 tiendas aunque no compre nada". Un final maravilloso para Bangkok, pensamos. Entramos en una tienda de recuerdos, luego en una joyería de oro y plata. Al final... era el clímax. La tercera parada resultó traicionera e incluso peligrosa, por decirlo suavemente. Los dueños de aquella tienda de dos plantas cuyo nombre no diré a propósito nos "pidieron" muchas veces que compráramos algo si queríamos salir sanos y salvos. La expresión educada perceptible a primera vista en sus rostros, la hospitalidad especial en la que bebíamos cerveza, agua y refrescos gratis, sin embargo, sus facciones manifestaban visión y reprimenda que nos molestaron. Esto llevó a mi amigo a comprar 2 camisetas, tras lo cual cambiaron bruscamente de tono. Después de este horror total, o eso nos pareció, nos dirigimos al aeropuerto para tomar el próximo vuelo nacional a Phuket.