9. Volvimos al hotel sobre las 6 de la tarde.



Quizá se estén preguntando por qué llegamos al hotel. Como ya he mencionado, la humedad y el calor habían hecho que nuestra ropa quedara a nivel frente a la centrifugadora. No sabemos si existe un nivel de ropa así, pero estábamos totalmente cómodos en él. Mojados, sudados y algo cansados. Nos duchamos y... nos saltamos el reposo. Nos cambiamos y corrimos para no perdernos nada importante. ¿Hacia dónde corríamos? Ohhh, no me acuerdo, pero intentaré recuperar la memoria. Acabamos con la ayuda de otro nuevo amigo y conductor de Tuck-Tuck en la calle Soi Cowboy. Nombre sonoro y no solo eso, sino que Baja lo puso a sonar. En este punto había una gran fiesta en uno de los bares con música local, trajes raros, bailando como si fuera una especie de ritual, y super mucho ruido. Fue interesante, divertido y fascinante. Nos tomamos una cerveza y miramos a nuestro alrededor. Ohhh, basta de cervezas. Ok querida, tomamos cocteles, pero como puede uno recordar, en algun punto el alcohol se enreda en tus propios pensamientos y sentimientos. Después del cóctel, en el que ninguno de nosotros sabía lo que contenía, nos encontramos en otra calle emblemática: Nana. Nos enjuagamos los ojos, pero... no nos armamos de valor para ninguna otra hazaña. Así es, el alcohol no perdona. Poco a poco, nos encontramos en Sukhumvit. Con lo que el alcohol, casi nadie que nos viera se acuerda. ¿Qué pasó después? No tengo ni idea. En algún momento, el cansancio pudo con nosotros y nos fuimos a casa a tomar unas dosis de masaje tailandés y al hotel a dormir.


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